Un nido de amor para las ballenas jorobadas domingo, 18 de febrero de 2001 Por José Javier Pérez El Nuevo Día Y allá, en el agua, inician un ritual de apareamiento particular repleto de acrobacias y canciones. (Tito Guzmán/El Nuevo Día) ENTRE LAS aguas de Puerto Rico y República Dominicana hay un nido de amor para gigantescos mamíferos marinos que, como muchos enamorados viven su luna de miel en algún lugar en las tibias y encantadas aguas color esmeralda del Caribe. Y allá, en el agua, inician un ritual de apareamiento particular repleto de acrobacias y canciones. De los cientos de miles de ballenas jorobadas (Megaptera novaengliae) que se desplazaban desde el Atlántico Norte hacia el Caribe, sólo quedan unas 10,000, cifra que las convierte en una especie en peligro de extinción, señaló Lorenzo Martínez, coordinador de observación de ballenas de la Secretaría de Medio Ambiente del gobierno dominicano. Se cree las 10,000 ballenas del Atlántico Norte (porque hay otras poblaciones) todas vienen en grupos al área del Caribe entre enero y marzo a aparearse y parir. DE ADULTAS alcanzan hasta 50 pies de largo y se trasladan en grupos a las aguas cercanas a las Islas Vírgenes, Puerto Rico y República Dominicana en un largo viaje que dura varias semanas desde las heladas aguas de Canadá, Islandia, Groenlandia y Estados Unidos donde pasan la mayor parte del tiempo comiendo. Pero cuando están en el Caribe no prueban bocado por lo que pierden peso. Su ayuno es forzoso porque esta zona no ofrece el tipo ni la cantidad de alimentos que necesitan. No obstante, lo compensan con la temperatura ideal de las aguas caribeñas, perfecta no sólo para aparearse, sino para que las hembras preñadas, luego de 11 meses de gestación, den a luz a sus ballenatos. Al nacer, estos miden como 15 pies de largo y pueden aumentar hasta 100 libras diarias hasta alcanzar un peso ideal para iniciar, cerca del mes de marzo, su viaje de retorno al Norte. La ballena jorobada se alimenta de pequeños peces, pero su comida favorita es el krill, un crustáceo parecido al camarón. Estas ballenas no tienen dientes. EN SU lugar tienen como barbas semejantes a un cepillo que funcionan como un filtro a través de las cuales atrapan la comida, según explicó Patricia Lamelas del Centro para la Conservación y Ecodesarrollo de la Bahía de Samaná y su Entorno (Cebse, por sus siglas en inglés). Una de sus técnicas alimentarias más interesantes se conoce como "red de burbujas". Cuando detectan un área abundante de alimento, las ballenas comienzan a nadar en círculos al tiempo que van liberando miles de burbujas. Esas burbujas atrapan el alimento para que puedan comerlo fácilmente. En el proceso, sus gargantas se expanden como acordeones para guardar las toneladas de agua, aire y comida. Entonces, cierran la boca y el agua y aire son expulsados hacia afuera pero filtrando con sus dientes toda la comida que se tragan de un tirón. DURANTE EL ritual de apareamiento el macho canta produciendo una sucesión de notas con las cuales anuncian su disponibilidad para el romance. Lo curioso es que cada año las ballenas cambian su canción, aparte de que la melodía es diferente entre cada población de ballenas jorobadas que hay en el mundo. Para escuchar ese canto se requiere un equipo especial. En el pasado, éstas y otras ballenas fueron cazadas indiscriminadamente para obtener distintos productos como aceite para lámparas y para confeccionar jabón. Esta práctica fue prohibida en 1955 por la Comisión Ballenera Internacional. Hoy día, la contaminación del mar y el creciente tránsito de cruceros turísticos constituyen algunas de las amenazas a la existencia de la ballena jorobada, señaló Lamelas. De aquí la importancia de lograr acuerdos regionales que garanticen la permanencia de este mamífero marino. También existe gran preocupación por la práctica de barcos japoneses que cazan ballenas alegando que se trata de investigaciones científicas. DE AQUI la importancia del proceso de educación pública para inculcar la importancia de esta especie en la ecología. Y esa es precisamente una de las tareas de Cebse en Samaná. En sus instalaciones han separado un espacio para un museo que está en proceso de habilitarse con exhibiciones de huesos de ballenas, fotografías y otra información educativa. © 2001 El Nuevo Día - Derechos Reservados