Provocan los humanos graves daños al ambiente jueves, 8 de febrero de 2001 Por Eduardo Cifuentes El Nuevo Día LAS TEMPESTADES las hace Dios; los desastres, los seres humanos. Esta frase, pronunciada por el actual secretario general de la ONU, sirve para explicar la variedad de calamidades que se atribuyen erróneamente a la naturaleza y que, de hecho, suelen ser culpa nuestra. Tal vendría a ser el origen de las importantes inundaciones del norte de Venezuela en diciembre de 1999, de cuya investigación habló ayer el doctor Matthew Larsen, director para el Caribe del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), con sede local en Guaynabo, como parte de un simposio que, sobre Venezuela, se desarrolló en el Jardín Botánico en Río Piedras. Estas inundaciones han sido la segunda mayor catástrofe en el pasado siglo en toda América del Sur, con un total de muertes que ronda las 30,000. Su origen fue netamente natural; su final, de claro protagonismo humano. Unas fuertes lluvias que se acumularon en un corto período de tiempo en la costa del norte de Venezuela, y que, al descender velozmente por las laderas de las montañas, arrastraron todo lo que encontraron a su paso. Y a su paso encontró pueblos enteros, urbanizaciones, puertos, aeropuertos y otros tipos de construcciones que, en buena parte, desaparecieron del mapa. Recurrentes los desastres El fenómeno, con todo, no es extraño. Ocurrió algo semejante en 1948 y en 1951. Pero el ser humano olvida pronto. Y ya para 1954 se concedían por parte de las autoridades los permisos para viviendas en los lugares poco antes destrozados por los ríos. Este acontecer no es exclusivo del norte de Venezuela. En Puerto Rico tenemos también ejemplos de tales avenidas, y, cada vez más, de ocupación de terrenos altamente inundables por urbanizaciones, centros comerciales, complejos industriales o casas aisladas. Las fuertes lluvias de 1960 (área de Humacao), 1969 y 1970 (este del país), 1975 (tormenta Eloise), 1985 (Mameyes, Ponce), 1989 (Hugo), 1992 (Cayey y La Plata), 1996 (Hortense) y 1998 (Georges), sirven de clara muestra. La preocupación, tanto en Venezuela como en Puerto Rico, se enfoca hacia el ya iniciado cambio climático, y sus consecuencias en cuanto a una posible mayor incidencia de estos fuertes fenómenos en los países del área del Caribe. Completaron el Simposio los doctores Andrew G. Warne, Hidrólogo del USGS, y Ernesto Medina, del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, quienes, entre otros temas, destacaron la relación entre las corrientes de los ríos Amazonas y Orinoco, y la parte que, de ellos (los sedimentos, con variados materiales, así como peces que viajan entre ellos), logra introducirse en buena parte del mar Caribe por el estrecho entre Venezuela y la isla de Trinidad. © 2001 El Nuevo Día - Derechos Reservados