La 'fiebre' de ballenas atrae curiosos a Rincón martes, 20 de febrero de 2001 Por Gladys Nieves Ramírez El Nuevo Día RINCON - Con la esperanza de observar alguna ballena jorobada chapoteando en las aguas del oeste, muchos puertorriqueños aprovecharon el día de fiesta de ayer para visitar el faro de Rincón, el lugar de observación más popular en Puerto Rico. Armados con binoculares y cámaras de todo tipo, los turistas locales y extranjeros comenzaron a llegar desde tempranas horas de la mañana para ocupar un puesto en los miradores ubicados alrededor del faro. Cada mirador cuenta con dos binoculares públicos, que se ponen a operar por dos minutos con una peseta. Pero algunos visitantes se quejaron de que la mayoría no funcionaba. "Aun con la peseta, éste no se ve bien", expresó Marta Alvarez, mientras movía la máquina de lado a lado con la esperanza de divisar en el horizonte algún movimiento de ballenas. Alvarez, natural de Coamo, se quejó de que tuvo que detenerse en una estación de gasolina para pedir instrucciones de cómo llegar a Rincón porque no había letreros por el camino. "Cuando venimos por la carretera número dos, no se veía nada y no sabíamos cómo llegar. Creo que deben colocar más señales para facilitar la llegada del público y darle promoción", indicó. Su amigo, Rafael Ortiz, opinó que el Gobierno debe esforzarse por destacar el turismo en toda la isla. "Aquí hay mucha belleza y muchos lugares que visitar, pero no se conocen", afirmó. "Absolutamente nada", fue la respuesta que ofrecieron al unísono Edgardo Suárez, Annette Matías y Rafael Suárez, visitantes de Mayagüez, cuando se les preguntó si creían que el Gobierno hacía lo suficiente para promover la visita de las ballenas jorobadas en el oeste. "Ahora, si pusieran a Chayanne en una cola de ballena, eso atraería mucha gente", sugirió en son de broma Matías. No se dejan ver Otros se lamentaron porque las ballenas no aparecieron. "Venimos a ver si vemos las ballenas, pero todavía no hemos vista nada", dijo algo decepcionada Benilda Natal, quien llegó junto a 30 personas en una guagua escolar de San Sebastián. Los visitantes del Pepino eran miembros de la Asociación por un Mundo Mejor para los Impedidos. Natal explicó que les pareció buena idea pasar el día en Rincón, divisando ballenas. José Juan Cruz, quien llegó de Utuado con su esposa y dos hijos, no quiso depender del equipo en el faro y trajo sus propios binoculares. "Hay temporadas que se ven bastante. Bueno, lo que se ve es el chorro cuando sale, por eso compré unos binoculares bien potentes porque si logras estar mirando para el sitio donde ellas salen, pues las ve más claras", explicó mientras su esposa permanecía pegaba de los binoculares. Las norteamericanas Elizabeth Thompson y Nancy Tobin, ambas de Massachusetts, dijeron que han visto las ballenas en varias ocasiones, pero no tanto como quisieran. Thompson, quien visita Rincón en los meses de invierno desde hace varios años, señaló que se debe proveer más información sobre el faro y las ballenas al público, y sugirió edificar un pequeño museo para exhibir artefactos relacionados y mostrar vídeos educativos sobre esos temas. Sin embargo, advirtió que no debe promoverse una invasión de turistas a la zona. "Yo amo este lugar y no me gustaría que se convirtiera en algo así como Dorado o San Juan. Hay que tener mucho cuidado con eso", aconsejó. © 2001 El Nuevo Día - Derechos Reservados