Impresionantes ballenas domingo, 18 de febrero de 2001 Por José Javier Pérez Enviado Especial BAHIA DE Samaná, República Dominicana - La embarcación "Skromm" cortaba a toda velocidad las aguas de esta bahía, y no habían pasado 20 minutos de viaje cuando dos lomos grises y gigantescos aparecieron justo al lado derecho de la lancha. -Zwei Wale dort! (¡Dos ballenas allí!)- gritó uno de los 40 turistas alemanes a bordo alertando al resto del grupo sobre dos ballenas jorobadas que nadaban a toda velocidad directo hacia la embarcación de 42 pies de eslora propiedad de Moto Marina una de varias empresas comerciales que ofrecen recorridos para observar ballenas a un costo de aproximadamente $35.00 por persona. Cuando parecía que se acercaban demasiado, los mamíferos marinos se hundieron, pasaron por debajo de la lancha y salieron al otro lado. La nave se agitó, pero nadie supo si la sacudida fue a causa del oleaje o por la succión que quizás crearon las ballenas al cruzar por debajo. Tras este primer contacto, el capitán detuvo la embarcación, pero mantuvo los motores encendidos para que las ballenas pudieran percatarse de la presencia de la nave. Fuera del gorgoteo de los motores y el chasquido que producía el embate del oleaje sobre cubierta, nadie hablaba. Todos movían la cabeza de un lado a otro como radares, atentos a otra aparición de estas ballenas que cada año viajan desde el Atlántico Norte a aguas caribeñas para aparearse o parir en esta zona durante los meses de enero a marzo. -¡Ballena a las diez!- rompió el silencio Lorenzo Martínez, coordinador de observación de ballenas de la Secretaría de Medio Ambiente del gobierno dominicano señalando la posición del mamífero a base de las manecillas del reloj. En realidad se trataba de un grupo de cuatro ballenas que chapoteaban en el agua. Desde una silla de observación en lo alto de la lancha, Martínez intentaba explicar a viva voz que tres machos se disputaban el amor de una hembra dándose aletazos y golpeándose cabeza con cabeza. Al otro extremo apareció otra ballena jorobada que levantaba su gran cola muy cerca de otra embarcación más pequeña. La cara de los ocupantes reflejaba una expresión particular, una combinación entre susto y emoción. Aunque son de un color gris oscuro, la parte posterior de la cola tiene manchas blancas. Estas manchas son diferentes en cada ballena y permite identificarlas de forma precisa en la misma forma que las huellas dactilares de los humanos. Más adelante, una ballena dio un sorpresivo salto y se elevó en el aire como un gigantesco torpedo gris. La acrobacia arrancó de los turistas alemanes, los periodistas boricuas y los operadores turísticos dominicanos la misma palabra, una que todos comprendieron a pesar de las barreras idiomáticas: "Wow!". Hubo quien aplaudió como si las ballenas se hubieran puesto de acuerdo para ofrecer un espectáculo de acrobacias acuáticas. Observar estos mamíferos marinos en un acuario es impresionante, pero la experiencia de trasladarse a su hábitat es diferente. Hay un elemento de incertidumbre y expectativa pues ni el mejor experto puede pronosticar cuándo ni dónde llevarán a cabo su repertorio de piruetas. Esto es lo que atrae a miles de turistas, la mayoría europeos, que están dispuestos a viajar desde lejos a observar entornos naturales y especies en peligro de extinción. Cada año y durante los tres meses que dura la temporada de ballenas en Samaná, más de 30,000 personas realizan recorridos en lancha para observar ballenas jorobadas que de adulto pueden ser más grandes que una guagua de la Autoridad Metropolitana de Autobuses (AMA). Mientras los humanos respetemos y protejamos su entorno, las ballenas jorobadas continuarán el peregrinaje que su especie comenzó hace millones de años desde el Atlántico Norte hacia el Caribe, particularmente a las aguas de la Bahía de Samaná. © 2001 El Nuevo Día - Derechos Reservados