Caja de Muertos: su magia y esplendor domingo, 18 de febrero de 2001 Por Sandra Caquías Cruz El Nuevo Día PONCE - Su topografía vista desde la isla grande es la etimología para su mortuorio nombre: Caja de Muertos. Los cerros que contorsionan a la pequeña reserva natural y que la hacen similar a la silueta de una persona acostada boca arriba es la procedencia de su fúnebre nombre, aunque la fantasía de la leyenda del pirata Almida también le da un toque de misterio a tan peculiar denominación. Pero, sea cual fuera la procedencia de su nombre, lo cierto es que la isla Caja de Muertos es un enriquecedor lugar para los que buscan salir del bullicio de la ciudad y entrar en contacto con la naturaleza. Para la preservación de este hermoso recurso natural, la isla fue incluida, en 1978, en el programa de manejo de las zonas costaneras de Puerto Rico. Así, el 2 de enero de 1980, la Junta de Planificación la designó reserva natural. Según información suministrada por el Programa de Manejo de la Zona Costera de Puerto Rico, la isla ha sido llamada por muchos nombres: Angulo, Antías, Abeirianas o Abeirianay, Abeianay, Bombas de Infierno, Antías y hasta Isla del Tesoro. Pero fue Caja de Muertos el nombre que más predominó y como hoy se le conoce. Cual tres puntos que adornan la costa sureña, la isla Caja de Muertos, el cayo Berbería y el cayo Morrillo son un tesoro para los amantes del ecoturismo. Esta reserva natural, localizada a aproximadamente 4.8 millas náuticas de Ponce, y en una de las zonas más secas y áridas del país, tiene una dimensión de casi cinco kilómetros cuadrados. Actividades para todos los gustos La isla Caja de Muertos ofrece atractivos para todos los gustos. Uno de los grandes encantos de esta reserva natural son las cristalinas aguas en las que los visitantes pueden disfrutar de un chapuzón y refrescarse de las altas temperatura que se registran en el lugar. Además, al sureste de la isla, se encuentra una de las veredas submarinas más importantes del Caribe, cuya profundidad no supera los 10 pies. Allí, los amantes del "snorkeling" y el buceo pueden disfrutar de la belleza y el colorido de sus arrecifes de coral. Para los amantes de las caminatas, la reserva les ofrece varios kilómetros de alineadas veredas bordeadas de cactus y arbustos espinosos, que los llevarán hasta el antiquísimo faro, construido por el Gobierno español en 1880. Y como prueba de que nuestros indios estuvieron allí, varios petroglifos fueron encontrados en una de sus cuevas. Los indios no fueron los únicos que dejaron su legado en Caja de Muertos. Esta pequeña isla fue utilizada por los masones para celebrar sus reuniones. Según una tarja colocada a orillas de la vereda que conduce al faro, el 12 de abril de 1871, en la isla Caja de Muertos se consagró la Logia Aurora. La reserva natural Caja de Muertos es el lugar que varias especies que se encuentran en peligro de extinción utilizan para su reproducción. Entre la fauna que llega a la isla y a sus costas se encuentra el águila de mar, el chirre de pico colorado, la boba parda, la tijerilla, el pelícano pardo, la gaviota real, careyes, tortugas verdes, manatíes y delfines. Hogar para tortugas marinas En la parte oeste de la isla se encuentra el cerro Morrillo. En él abundan pequeñas cuevas en las que se cree que habita el agutí -pequeño animal parecido a un perro- que sólo se encuentra en esta isla. Su población no sobrepasa los cinco. En el cerro Morrillo, lugar de anidaje del chirre, los pescadores de la costa sur del país colocaron una estatua de la Virgen, por considerar que ella los protege mientras realizan su faena en las aguas caribeñas. Pero no todas las áreas de esta reserva natural pueden ser visitadas. El Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, administrador del lugar, tiene restringido el paso a la costa sur de la isla por ser el lugar a donde las tortugas marinas acuden a desovar. Uno de los aspectos curiosos de esta isla es que muchos de sus atractivos son en pareja: dos islotes, dos lagunas, dos cuevas -cueva Almeida y cueva del Indio- y dos extrañas clases de plantas silvestres que son venenosas manzanilla y carrasco. Aunque el área recreativa de la isla cuenta con bohíos, baños portátiles, área de enfermería, museo y un antiquísimo faro, una vista ocular realizada recientemente por un grupo de legisladores puso de manifiesto lo abandonadas que se encuentran estas instalaciones físicas. © 2001 El Nuevo Día - Derechos Reservados