Flora de los Humedales de PR
Los humedales son sistemas de alta productividad para los organismos que en ellos habitan, en especial las plantas. Son terrenos adaptados a condiciones de saturación o inundación hídrica. Sus suelos, denominados suelos hídricos, se componen primordialmente de sedimentos anaeróbicos (deficientes en oxígeno). A diferencia de los terrenos firmes (“uplands”), el oxígeno presente en los sustratos de los humedales está disuelto en el agua que ocupa los espacios de los poros entre las partículas que componen el suelo.
El nivel de inundación puede llegar a tal magnitud, al menos estacionalmente, que el sustrato no se considere como suelo y permanezca saturado o inundado con cierto nivel de profundidad de agua. Por consiguiente, la característica más importante en los humedales es el volumen de agua existente en ellos. En función de esto, los humedales favorecen predominantemente el establecimiento y la regeneración de plantas llamadas hidrófitas, cuyo ciclo de vida, en el caso de ciertas especies, podría transcurrir totalmente en estas condiciones. Su presencia es fundamental como los productores de estos sistemas naturales y como integrantes estructurales asociados a todos los valores y funciones de los mismos.
Las plantas hidrófitas, típicas de los sistemas de humedales, son aquellas que crecen en agua o en un suelo que es al menos periódicamente deficiente en oxígeno como resultado del contenido excesivo de agua. Estas han demostrado algún tipo de habilidad, ya sea por adaptaciones morfológicas, fisiológicas o por estrategias reproductivas, o la combinación de algunas de éstas, para alcanzar la madurez y poderse reproducir en este ambiente. En muchas de ellas, mientras los tallos y hojas se encuentran expuestos a la atmósfera, de la misma forma como en cualquier planta puramente terrestre, el síntoma de raíces precisa funcionar adecuadamente en un medio deprivado de oxigeno, y en el caso de los manglares, en un ambiente salado. Ejemplos de este tipo de flora han desarrollado una amplia gama de adaptaciones de forma que puedan sobrevivir productivamente. Entre las adaptaciones más evidentes se destacan aquellas de naturaleza estructural que conciernen al problema de suplir el oxígeno a las raíces que crecen en suelos o sedimentos anaeróbicos. Esto incluye el desarrollo de tejidos especializados para facilitar la difusión de oxigeno internamente, creándose una extensa atmósfera interna de espacios intercelulares llamados arénquimas.
Lo anterior es muy evidente en hidrófitas que al menos parte de su cuerpo vegetativo, además de su sistema de raíces, permanece períodos extensos sumergidos en el agua. Esto facilita la difusión de oxigeno, internamente, desde las partes aéreas de la planta hasta las raíces y, en el caso de ciertas especies, el área de estos espacios o poros intercelulares abarca hasta cerca del 60 porciento del volumen de la planta. (Una planta terrestre muestra típicamente entre 2 y 7 porciento de su volumen en forma de esta porosidad.)
El desarrollo de raíces proyectadas por sobre el nivel de inundación (neumatóforos) en hidrófitas leñosas como el Mangle negro (Avicennia germinans), es otra adaptación morfológica asociada a proveer una respiración adecuada entre los tejidos radiculares (raíces) sumergidos y la atmósfera. La presencia de poros agrandados, llamados lenticelas, en la corteza de las raíces de zanco del Mangle rojo (Rhizophora mangle), permite el intercambio de gases entre la atmósfera y los tejidos leñosos de este tipo de mangle en el ambiente anegado de este pantano costero.
Otras plantas hidrófitas han desarrollado evolutivamente la capacidad de generar ciertos procesos bioquímicos, los cuales se consideran al presente de un mayor significado en cuanto a poder tolerar las implicaciones de la anegación. Estos están relacionados a su capacidad de absorber (a través de las raíces) elementos tóxicos que puedan llegar al humedal como contaminantes y oxidarlos químicamente, convirtiéndose en formas químicas inofensivas en sus tejidos. Este proceso bioquímico de oxidación se cree que es altamente eficiente en los espacios internos del tejido del arénquima de la planta hidrófita.
La flora de los humedales costeros, como es el caso de los manglares en el trópico, encara también el elemento tensor de la presencia de sales. Las especies hidrófitas capaces de funcionar adecuadamente ante esto, se reducen a solo unas cuantas que contienen mecanismos muy especializados en su fisiología. Algunas cuentan con células especializadas en sus raíces las cuales son capaces de bloquear la entrada del sodio (tóxico) y sin embargo permitir la entrada del potasio (un macronutriente esencial) para moverse libremente por la planta. Otras carecen de este mecanismo pero son capaces de secretar las sales incorporadas a través de glándulas especializadas en las hojas. El Mangle blanco (Laguncularia racemosa) muestra dos glándulas secretoras de este tipo en la base de sus hojas. Ventajas evolutivas como las descritas facultan a estas especies para colonizar los pantanos sujetos a inundaciones mareales.
Los mecanismos de reproducción en algunas especies de la flora de los humedales son de sumo interés en el estudio de como colonizan y se establecen estas comunidades de plantas. En algunas de estas especies las semillas germinan aun mientras están contenidas en los frutos y éstos, a su vez, se encuentran adheridos a la planta adulta. Mediante este mecanismo, conocido como viviparidad, la etapa más temprana en el desarrollo del nuevo individuo transcurre fuera del agua y no es hasta más tarde, cuando presumiblemente ha desarrollado ciertos tejidos y órganos, que se desprende. Luego de flotar durante algún tiempo en el volumen de agua presente o permanecer sobre la superficie del suelo o sedimento saturado, el proceso de reclutar nuevos individuos a las poblaciones continúa en función del posible anclaje y colonización de estas plántulas, pese a las corrientes de agua. Las dificultades de este proceso son superadas por especies que se reproducen también por mecanismos vegetativos. A través del desarrollo de tallos corredores o rizomas, se desarrollan nuevas colonias a partir de los individuos adultos ya establecidos. En el caso de hidrófitas herbáceas, este mecanismo muchas veces se combina con la reproducción por medio de semillas dispersadas por la velocidad y extensión de las corrientes características del humedal.
Algunas plantas hidrófitas pueden vivir con las raíces ancladas al suelo o sustrato inundado o saturado y sus restantes partes (tallos, troncos o ramas) emergen fuera de este medio o del agua. A éstas se les conoce como hidrófitas emergentes. Ejemplos de esto en los humedales de Puerto Rico lo son los mangles en nuestros pantanos costeros, el Palo de Pollo (Pterocarpus officinalis) en los bosques pantanosos de Pterocarpus, algunas yerbas (e.g. ciertas especies en los géneros Paspalum, Hymenachne, Brachiaria, Echinochloa, etc.), los juncos (prácticamente toda especie miembro de la familia Cyperaceae en la Isla, entre otros, los géneros Cyperus, Cladium, Eleocharis, Rhynchospora, etc.) y otras floríferas y helechos de múltiples familias (e.g. Annonaceae (Annona glabra), Onagraceae, Alismataceae (e.g. género Sagittaria), Malvaceae, Araceae, Polygonaceae, Compositae, Leguminosae (e.g. género Machaerium, entre otros), Typhaceae (e,g.Typha domingensis), Osmundaceae (e.g.Osmunda cinnamomea), Polypodiaceae (e.g. género Acrostichum, etc.) presentes en nuestros diferentes sistemas de ciénagas, sabanas húmedas o pantanos herbáceos y leñosos. Otras plantas hidrófitas permanecen suspendidas y flotando sobre la superficie de las aguas retenidas en algunos humedales estuarinos, palustrinos o lacustres y en canales, con sus raíces extendidas a través del agua.
En Puerto Rico contamos con varias especies de flotadoras nativas como, entre otras, los lirios de agua (género Nymphaea (Nymphaceae), helechos en los géneros SaIvinia (Salvinaceae) y Azolla (Azollaceae), y floríferas coloniales de diminuto tamaño en los géneros Lemna y WoIfieIIa (Lemnaceae). Otras plantas hidrófitas anclan su sistema de raíz en los sedimentos del fondo de ríos, lagos, charcas o estuarios y todo su sistema de tallos y hojas permanece sumergido en el agua (e.g. género Potamogeton (Potamogetonaceae), Ruppia maritima (Ruppiaceae), género Najas (Najadaceae, etc.) o en aguas llanas del océano (e.g. las praderas de Thalassia testudinum (Hydrocharitaceae) o Syringodium filiforme (Zannichelliaceae). A estas hidrófitas se les conoce como plantas acuáticas. Se les consideran como subacuáticas si temporalmente parte del sistema de tallos y hojas quedara expuesto a la atmósfera al bajar el nivel de inundación del humedal o durante mareas muy bajas.
La flora de los humedales de Puerto Rico está compuesta por cerca de 670 especies de plantas vasculares que muestran un grado alto de fidelidad a terrenos permanentemente o semi-permanentemente inundados o saturados. Estas plantas solo se encuentran en estos tipos de humedales (obligadas) o su incidencia es mucho más frecuente en ellos (facultativas húmedas). Incluye también algunas especies consideradas como hidrófitas obligadas asociadas a humedales temporalmente o estacionalmente inundados. Este cómputo aproximado, es el resultado de la más reciente revisión de la lista de plantas indicadoras de humedales en la región caribeña, acontecida en 1995. Algunos componentes de la flora de los humedales de Puerto Rico son considerados críticos y se conocen de pocos lugares, impartiéndole un valor patrimonial aun mayor a la ubicación del humedal.
Documento Original: Humedales de PR, Vol. 2 Núm. 3 Por: Vicente Quevedo Bonilla, Botánico de la División de Patrimonio Natural del DRNA. Fotografías del documento original: Eric Aguayo Auspiciado por el Programa de Desarrollo Estatal en la Protección de Humedales de la EPA. Publicado en Octubre 1995.
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